¿Sientes lo que comes?

 Karina Mijares

Estudiante de quinto semestre


Existen 300 millones de personas con Depresión y 260 millones más con Ansiedad en el mundo (OMS, 2014), ambos trastornos cuentan con múltiples perspectivas para su comprensión y tratamiento. Los esfuerzos para su abordaje clínico se encuentran en la Psicología, Neurociencias, Biología Molecular, Fisiología, Genética, entre las principales. 

En este año 2020 serán la segunda causa de discapacidad humana a nivel mundial de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, los costos directos e indirectos de la mala salud mental son muy altos y pueden llegar a 4% del producto interno bruto (OCDE, 2014).

Para beneficio social, individual y económico, resulta imperante la necesidad de explorar caminos poco recorridos para formular nuevas propuestas de investigación e intervención en Salud Pública y así poder aproximarnos a una guía confiable que nos ayude a erradicar las variables causantes de estos trastornos.

Estudiando a profundidad los organismos tanto procariontes como eucariontes y su magnífica capacidad de adaptabilidad al entorno por medio de su regulación, comunicación, transporte químico y eléctrico, en esta breve trayectoria por medicina veterinaria, han llamado mi atención los hallazgos acerca del eje intestino microbioma cerebro, el cual demuestra tener las respuestas que tanto hemos buscado por décadas en Psicología.

Dentro de la maravillosa naturaleza, se han desarrollado interacciones biológicas entre microorganismos para beneficio recíproco, específicamente, esta descripción corresponde a un mutualismo que ha sido transcendental para la supervivencia de algunas especies animales y por supuesto los seres humanos. 

Hemos evolucionado con millones de microorganismos que al colonizar la superficie corporal, el aparato digestivo y genital, coadyuvan a las adaptaciones bioquímicas, inmunológicas, conductuales, de reproducción, nutricionales y metabólicas con el sólo fin de la vida.

Investigaciones de la última década (Gareau, 2015; Emge, 2016; Pusceddu, 2019) indican que el eje intestino microbioma cerebro incide directamente en las funciones cognitivas básicas, una pieza importante para este gran rompecabezas de Salud Pública y se han descubierto interacciones de microorganismos intestinales que desempeñan una función regulatoria de los síntomas de la ansiedad y depresión relacionados con el estrés, debido que este eje incide directamente en la amígdala, región neurológica que se activa fisiológicamente para dar aviso de amenaza al organismo.

Scorza, Piccini y Zunino (2019) describen una red de señalización reguladora el eje y sugieren que la comunicación entre el microbioma intestinal con el cerebro es bidireccional, ya que involucran a los sistemas endocrino, nervioso, entérico e inmune. Esta podría ser una estrategia promisoria de modulación de trastornos como la depresión y la ansiedad, la cual radicaría en el uso de probióticos como los Lactobacillus y Bifidobacterias, (microorganismos vivos no patogénicos), que confieren un beneficio al hospedador en el ámbito emocional o en su capacidad de soportar estímulos estresantes.

Martin, Yabut, Choo et al (2019) asocian al microbioma intestinal como regulador del metabolismo del huésped, se centran en la homeóstasis de la glucosa y a los microrganismos intestinales los señalan como mediadores especiales de la síntesis de serotonina intestinal ¿Por qué es tan importante que obtengamos serotonina en nuestro cuerpo?

La serotonina regula procesos psicofisiológicos, como el sueño, el apetito y el estado de ánimo. Por lo tanto, el sistema serotoninérgico es un objetivo importante en el tratamiento de los trastornos psiquiátricos, como la depresión mayor y la ansiedad (Elżbieta, 2018).

Este neurotransmisor natural interactúa con 7 familias de sus receptores (5-HT1-7), que causan una variedad de efectos farmacológicos. (Elżbieta, 2018) demostraron la participación de casi todos los subtipos de receptores de serotonina en efectos antidepresivos o ansiolíticos utilizando animales modificados genéticamente, agonistas y antagonistas selectivos o preferenciales, discutiendo la posible participación de los subtipos de receptores de serotonina en la depresión y la ansiedad.

Sin embargo, cuando el microbioma intestinal se ve alterado se convierte en una situación denominada disbiosis, lo que implica que el equilibrio, diversidad y funcionamiento metabólico del mismo trae como consecuencia la alteración de todas sus funciones. 

De acuerdo con la_Asociación Americana de_Gastroenterología (2017) las principales causas de las disbiosis son: antibióticos, dieta desequilibrada, estrés psicológico y genes. Es evidente que las determinantes sociales de la salud influyen directamente en las tres primeras, ocasionando una activación de la señalización del estrés, el cual incide directamente en la amígdala, a nivel psicológico produce alteraciones como una “falsa percepción de amenaza ocasionando sensaciones de ansiedad, pérdida de control y peligro provocando psicológicamente en el ser humano un estado de alerta continuo fácilmente lo asocia con su medio ambiente, sin embargo, el aviso viene de sí mismo y no es capaz de discriminar ese estímulo como interno.

La consecuencia del estrés por disbiosis intestinal disminuye la activación de la corteza prefrontal cerebral, debido a que la jerarquía fisiológica implica que la persona se “salve” del peligro en el que se encuentra en ese momento, como consecuencia de esto, psicológicamente la toma de decisiones racionales se ve reducida, el cerebro prioriza la preservación de la vida antes que el autocontrol emocional.

La amígdala continuará dando señales para la producción de hormonas adrenales si el estímulo intestinal persiste ya sea por mala alimentación o estrés, psicológicamente percibiremos un peligro de manera continua y los síntomas de ansiedad no desaparecerán. El hipocampo registrará en la memoria esa falsa sensación de peligro y puede que aquí sea una pieza clave para detener el ciclo interminable de múltiples trastornos relacionados con el estrés, nuestro sistema recordará continuamente que se vive en un estado de alerta asociando causas aparentes de estrés externas. 

Se requiere crear un puente interdisciplinario que pueda dar respuesta a los nuevos paradigmas de trastornos afectivos y así reconocer en qué grado el microbioma regula los estados de ánimo. Esta podría ser una estrategia novedosa de intervención terapéutica como lo han logrado demostrar múltiples intervenciones clínicas modelos animal y humano con el uso de probióticos para el tratamiento (Foster, 2013; Naseribafrouei, 2014; Clapp, (2017); Wallace, 2017).

Estudios recientes proponen una intrincada red de señalización que regula el eje microbiota-intestino-cerebro. Se sugiere que la comunicación entre la microbiota intestinal y el cerebro es bidireccional, establecida a través de mecanismos que involucran a los sistemas endocrino, nervioso, entérico e inmune. Este concepto emergente sugiere que la modulación de la microbiota intestinal puede contribuir con el desarrollo de nuevos tratamientos en patologías del sistema nervioso central. Una estrategia promisoria para modular la comunicación microbiota intestinal-cerebro, radica en el uso de probióticos (microorganismos vivos no patogénicos), que pueden conferir un beneficio al hospedador en el ámbito emocional o en su capacidad de soportar estímulos estresantes. Esta nueva área de estudio, que une disciplinas aparentemente distantes como la microbiología, endocrinología y neurociencias, abre un novedoso campo de investigación en salud mental.


Estudios en modelos animales nos han demostrado que estrés crónico causa plasticidad adaptativa en el cerebro, tanto los neurotransmisores locales como las hormonas sistémicas interactúan para producir cambios estructurales y funcionales en ciertas regiones cerebrales, las cuales pueden contribuir al desarrollo de desórdenes psiquiátricos, tales como depresión, ansiedad y trastorno por estrés postraumático (Duval et al, 2010). 


Este nuevo horizonte propone unir la bacteriología, microbiología y neurociencias, para elaborar un novedoso campo de investigación en salud mental, siendo esta contribución una oportunidad de desarrollo de nuevos tratamientos en patologías del sistema nervioso central.


REFERENCIAS 

Clapp, M., Aurora, N., Herrera, L., Bhatia, M., Wilen, E., & Wakefield, S. (2017). Gut microbiota's effect on mental health: The gut-brain axis._Clinics and practice,_7(4), 987. https://doi.org/10.4081/cp.2017.987


Emge, J.R, Huynh, K., Miller, E.N., Kaur, M., Reardon, C., Barrett, K.E, Gareau, M.G. (2016). Modulation of the microbiota-gut-brain axis by probiotics in a murine model of inflammatory bowel disease. American Journal of Physiology and Gastrointestinal Liver Physiology 310, G989–G998.


Elżbieta, Ż., Kinga S., Jacek, S., Karolina P. (2018). Serotonin receptors in depression and anxiety: Insights from animal studies. Life Sciences, Volume 210, 106-124, https://doi.org/10.1016/j.lfs.2018.08.050.


Foster, J.A., Neufeld K. (2013). Gut–brain axis: how the microbiome influences anxiety and depression. Trends Neuroscience. 36(5):305–12.


Gareau, M.G., Sherman, P.M., WA Walker. Probiotics and the gut microbiota in intestinal health and disease. Nature reviews Gastroenterology & Hepatology 7 (9), 503.


Huynh, K., Schneider, M., Gareau, M. (2016). Altering the Gut Microbiome for Cognitive Benefit?. 10.1016/B978-0-12-802304-4.00015-3.


Martin, A.M, Yabut, J.M., Choo, J.M.,_Page, A.J., Sun, E.W., Jessup,_C.F., Wesselingh,_S.L., Khan, W.I., Rogers,_G.B., Steinberg, G.R., Keating, D.M. (2019). The gut microbiome regulates host glucose homeostasis via peripheral serotonin. Proceedings of the National Academy of Sciences.116(40)19802-19804;_https://doi.10.1073/pnas.1909311116


Naseribafrouei, A., Hestad, K., Avershina, E. (2014). Correlation between the human fecal microbiota and depression. Neurogastroenterol Motil. 26(8):1155–62.


Organización Panamericana de la Salud. (2018). La carga de los trastornos mentales en la Región de las Américas, 2018. Washington, D.C. Consultado de http://iris.paho.org. 


Pusceddu, M. M., Barboza, M., Keogh, C. E., Schneider, M., Stokes, P., Sladek, J. A., Kim, H., Torres-Fuentes, C., Goldfild, L. R., Gillis, S. E., Brust-Mascher, I., Rabasa, G., Wong, K. A., Lebrilla, C., Byndloss, M. X., Maisonneuve, C., Bäumler, A. J., Philpott, D. J., Ferrero, R. L., Barrett, K. E., Gareau, M. G. (2019). Nod-like receptors are critical for gut-brain axis signalling in mice._The Journal of physiology,_597(24), 5777–5797. https://doi.org/10.1113/JP278640


Pusceddu, M. M., Murray, K., Gareau, M. G. (2018). Targeting the Microbiota, from Irritable Bowel Syndrome to Mood Disorders: Focus on Probiotics and Prebiotics._Current pathobiology reports,_6(1), 1–13. https://doi.org/10.1007/s40139-018-0160-3


Ritchie, H., Roser, M. (2018). Mental Health. OurWorldInData.org. Consultado de https://ourworldindata.org/mental-health


Liu, R., Rachel, F.L., Walsh, A.E. (2019). Prebiotics and probiotics for depression and anxiety: A systematic review and meta-analysis of controlled clinical trials. Neuroscience & Biobehavioral Reviews. (102) 13-23. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2019.03.023.


Scorza, C., Piccini, C., y Zunino, Pablo. (2019). Microbiota intestinal, probióticos y salud mental. 83. 33-42. 


Smith, C. J., Emge, J. R., Berzins, K., Lung, L., Khamishon, R., Shah, P., Barrett, K. E., Mélanie, G. G. (2014). Probiotics normalize the gut-brain-microbiota axis in immunodeficient mice._American Journal of Physiology-Gastrointestinal and Liver Physiology,_307(8), G793-G802.


Wallace, J.K., Milev, R. (2017). The effects of probiotics on depressive symptoms in humans: a systematic review._Ann Gen Psychiatry_16,_14. https://doi.org/10.1186/s12991-017-0138-2

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